martes, 29 de octubre de 2013

Un lugar para la esperanza en "la última parada".

Por cortesia de Diana Ros
Descubrimos en la ciudad santa de Vrindaban el primer dispensario creado para ayudar a las viudas indias Sucede que a veces en mitad del panorama más austero y complicado, nace una historia de esas que consiguen hacer sonreír, que logran convencer de que si se lucha, a veces se alcanzan grandes metas. Esto es lo que ha sucedido en India, donde a día de hoy las viudas tienen un lugar para empezar a volver a creer en sus vidas. Concretamente hay que trasladarse a la ciudad sagrada de Vrindaban, en el estado de Uttar Pradesh, donde viven aproximadamente entre 30.000 y 40.000 viudas indias, consideradas por la creencia hindú un mal augurio y una maldición. Es allí donde ha nacido el primer dispensario, gracias a la ayuda de la organización española «SOS Mujer», que ha tenido que luchar contra impedimentos burocráticos y otros vinculados a una sociedad muy arraigada a la religión, además del hecho de que la persona que está detrás de esta iniciativa, Diana Ros, es mujer y extranjera. «A pesar de que India es la mayor democracia del mundo y tiene entre sus leyes las más avanzadas, la costumbre es muy religiosa y más en una ciudad santa como es Vrindaban. No hace falta decir que esto se resume en machismo e ideas preconcebidas hacia la mujer occidental, por lo que he tenido que aprender por el camino largo todas sus costumbres», explica a ABC.es Ros. Así, con mucho esfuerzo, la fundadora de «SOS Mujeres» consiguió el 1 de octubre de 2013 completar los pasos burocráticos y, lo que es más importante, hacerse un hueco en la sociedad india. «Una tarde me llamaron porque el dueño de los ashramas (los centros religiosos donde rezan las viudas) quería conocer a «la mujer que ayuda». Cuando nos sentamos cara a cara y pude explicarle mis intenciones y proyectos, posó su mano sobre mi frente y me bendijo. Ese fue el verdadero inicio de mi éxito. Según me explicaron mis colaboradores indios, sin esa bendición nunca podría haber llegado a donde estoy ahora. Tras esa bendición, otros poderosos y políticos me bendijeron casi obligados por el hecho de que tenía ya la bendición de este señor», cuenta Ros.

Despojadas de su vida
Esta ciudad en la que Diana ha abierto su pequeño dispensario, Vridaban, es sagrada porque es donde se cree que nació el Dios Krishna. Se encuentra a orillas del río Yamuna, afluente del Ganges. Es aquí donde viajan viudas de todas partes de India para esperar la muerte, que Krishna las libere de su karma y así poder entrar en el nirvana, donde nadie puede echarlas ya. De ahí que Diana Ros se refiera a Vridaban como «la última parada». Es, por tanto, el lugar donde esperan el final de su vida, una vida que creen que ya no tiene sentido pues tras la muerte de sus maridos son despojadas de todas sus posesiones y repudiadas por sus familias.

«Le pedí a a Dios que viniera alguien como tú y nos ayudara»
El motivo de esto reside en el Código de Manu, una de las escrituras sagradas más antiguas, que establece lo siguiente: «una mujer no será nunca independiente, una viuda debe sufrir mucho antes de morir, debe ser pura en cuerpo, pensamiento y alma». La labor de esta organización, «SOS Women» en India, se extiende ahora, tal y como explica Ros a ABC.es, «básicamente por el boca a boca». «Otra de las cosas que hicimos en mis comienzos fue ir ashram por ashram hablando con los responsables para que se lo contasen a las viudas. También fuimos a las entradas de los templos donde mendigan, abordándolas directamente por la calle. Komala Gosh, colaboradora y activista por los derechos de la mujer y en concreto de estas viudas, ha sido esencial en nuestro objetivo». Ross recuerda emocionada su conversación con Janakee, la primera viuda con la que entabló una conversación. La conoció en su primer viaje a Vrindaban. Ella tenía 26 años y vagaba por las calles de esta ciudad desde hacía 10. En esos comienzos Diana le preguntó lo mismo que a todas, quería saber cómo era, cuáles eran sus esperanzas, sueños… Mientras que la gran mayoría coincidió en que lo único que esperaban era «morir a orillas del río Yamuna», Janakee fue más allá al afirmar: «Yo le pedí a a Dios que viniera alguien como tú y nos ayudara».

La evolución de la sociedad
Janekkee ha sido una de las primeras viudas que han atendido y dos días después de recibir tratamiento, su mejoría era notable. Es un ejemplo y motivación para una organización que, según explica Diana, «siempre ha tenido el objetivo de que las propias viudas autogestionen no sólo el dispensario, sino también una residencia donde puedan vivir y ayudarse las unas a las otras. Es más, que también dispongan de un hospital gratuito ya no sólo las viudas, sino otras muchas mujeres que sufren abusos en un entorno machista donde una mujer no es nada». Por lo tanto, el trabajo que queda por hacer todavía en India es mucho. Es una sociedad con muchas libertades determinadas en su Constitución y leyes pero en la que las tradiciones religiosas aún están muy arraigadas.
Laura Riestra

3 comentarios:

ASM dijo...

Enhorabuena Diana!!!!
Lo habia visto en facebook. Y me alegré muchísimo. Debes estar especialmente satisfecha. Por fin has conseguido el dispensario que tanto anhelabais. Ahora todo será más fácil y tambien más gratifiacante. Gracias por cuidar de otras mujeres. :-) Nos vemos en Madrid cuando vengas.

Manuela Rodriguez dijo...

qué bueno que haya gente que piense en los que mas necesitan.

María Reguero dijo...

Qué generosidad!