sábado, 19 de mayo de 2012

Alice Herz-Sommer. Life is beautiful

Por cortesía de Ana Añón
La personalidad de Alice Herz-Sommer es simplemente fascinante, sus historias regalan una hermosa lección de esperanza y positivismo en una sociedad que diariamente se empeña en destruirse a si misma.
“I have lived through many wars and have lost everything many times, including my husband, my mother and my beloved son. Yet, life is beautiful, and I have so much to learn and enjoy. I have no space nor time for pessimism and hate.” ~Alice Herz-Sommer
Just watching and hearing Alice speak is inspiring.
About to turn 108 (on November 26, 2011), Alice is the oldest survivor of the holocaust and the second oldest person living in London, England. She was a renowned concert pianist and a close friend of Franz Kafka. She has seen and lived through more than you can imagine. And despite all she’s experienced, her extraordinary optimism and attitude is what stands out the most.
Some of our favorite Alice Herz-Sommer quotes:
“Music saved my life and Music saves me still.”
“I am Jewish, but Beethoven is my religion.”
“I have had such a beautiful life. And life is beautiful, love is beautiful, nature and music are beautiful. Everything we experience is a gift, a present we should cherish and pass on to those we love”.
"Only when we are so old, only then we are aware of the beauty of life.”
“Music is God. In difficult times you feel it, especially when you are suffering.”
“I never hate. Hatred brings only hatred.”

martes, 31 de enero de 2012

Un documental rescata la figura cubista de María Blanchart


Por cortesía de ASM
2012 no es el año de María Blanchard. Pero casi. Después de tanto tiempo en segundo plano, pues su participación en la vanguardia parisiense de comienzos del siglo XX ha sido siempre reconocida a la sombra de Juan Gris, Lipchitz o Diego Rivera, por primera vez un documental rescata la figura de la pintora santanderina para situarla entre los grandes nombres de aquel momento de revolución de las artes. Rue du Depart 26. Érase una vez París, de Gloria Crespo, reivindica la trayectoria y méritos de Blanchard dentro del movimiento cubista justo el año en que la Fundación Botín y el Museo Reina Sofía han programado dos grandes exposiciones, que abarcan todas las etapas creativas de la artista, y cuando se celebra el 80 aniversario de su muerte.
"María Blanchard es una figura de primera línea. Estuvo en el centro de todo aquel suceso artístico y con personalidad propia, aunque fue injustamente tratada por la vida y por la historia", asegura Crespo. El documental trata de hacer justicia y redescubrir a una artista cuya tara física –era jorobada– condicionó tanto su vida como la valoración que se ha hecho de su trayectoria, por lo que el verdadero valor de su obra y de sus aportes muchas veces han quedado relegados.
Crespo, que es editora gráfica de El PAÍS, estudió Bellas Artes y recuerda que sobre María Blanchard siempre se pasaba de puntillas "o ni siquiera se mencionaba". De entonces viene su idea de profundizar en la vida de una mujer que sufrió lo indecible por su defecto físico, pero que aun así tuvo el coraje de marcharse a París y allí llego a formar parte de la vanguardia en un momento clave de la historia del arte.
"Fue una mujer avanzada a su tiempo, que logró imponerse en un mundo de hombres y fue moderna simplemente siendo fiel a si misma, sin impostura ninguna", afirma la directora, que dedicó seis años a la investigación y siguió el rastro de la artista por París, Cantabria, México y Madrid. Encontró materiales y fotos inéditas y pudo documentar, por ejemplo, que Blanchard mostró una de sus obras en el salón D’Antin, en 1916, cuando Picasso presentó por primera vez Las señoritas de Aviñón en una exposición en la que participaron Matisse y Modigliani, entre otros, cuando se trató de reavivar el mercado del arte en una época de depresión por la guerra. "Desde entonces, Blanchard estaba allí, por derecho propio, junto con los grandes".
Entrevista con Cocteau
Crespo incluye imágenes de una entrevista con Cocteau en la que el escritor cuenta que aquellos hombres y mujeres eran genios "ajenos a todo", que revolucionaron el arte por compromiso con el arte mismo, "sin mirar a nadie más". "El mismo espíritu de Blanchard", dice, que con su peculiar tratamiento del color "humanizó" el cubismo. De igual modo llevó a su figuración posterior la influencia cubista, creando un lenguaje propio que la convierten en la gran artista que ahora es rescatada.
Entre los entrevistados en el documental hay historiadores y críticos de arte como María José Salazar -comisaria de las exposiciones que se realizan este año- , Carmen Bernárdez-Sanchís o Juan Manuel Bonet; familiares de la artista y descendientes de sus amigos íntimos, como la hija de Diego Rivera, Guadalupe, que cuenta como Blanchard sufrió al enamorarse de su padre y no ser correspondida. "Paradójicamente, su deformidad hizo que fuese aceptada en este mundo de hombres y que la vieran como una artista verdadera".
En Rue du Depart 26. Érase una vez París también aparece la belleza como refugio que encontró Blanchard para exorcizar sus demonios interiores, se evoca su amistad profunda con Juan Gris y el látigo de la depresión al final de su vida, que la llevó a experiencias religiosas, hasta su fallecimiento en 1932. Claves íntimas que explican la obra y trayectoria vital de una mujer fascinante que hizo de Montparnasse su atalaya y su mundo, el mismo que alumbró a la vanguardia más fabulosa del arte moderno
Mauricio Vicent

miércoles, 4 de enero de 2012

La pasión segun Marie Curie

Por cortesía de ASM
Marie yace postrada en una cama, casi ciega y sabe que su vida, presa de la leucemia, se apaga. Tiene 66 años. Es primavera en París. Hace unos meses que ha regresado de su Polonia natal, el último viaje. En el hospital del barrio parisino de Passy, donde la atienden, espera el final, consciente y tranquila. «La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones», le dice a su hija menor, Eve, que la acompaña en su enfermedad Y en esos días, mientras apenas aprecia ya la luz del verano, que se acerca, la hace cómplice de sus confesiones.
Recuerda Marie cómo con apenas 20 años, y cuando todavía usaba su nombre polaco, Manya Sklodowska, recorría las calles de Varsovia, ofreciéndose como institutriz y soñando con estudiar en la universidad de la Sorbona, en París. Marie tiene un expediente académico brillante, una capacidad de trabajo envidiable, habla con fluidez polaco, ruso, alemán y francés, pero en la Polonia de la época -ha nacido en 1867- una mujer no tenía posibilidades de cursar estudios superiores, y la economía familiar no hace posible enviarla a París. Hija de un profesor de ciencias y una maestra, es la menor de cinco hermanos y su adolescencia queda marcada por la muerte de su hermana mayor, Zofia, como consecuencia del tifus, y dos años más tarde la de su madre, por tuberculosis. Marie podía haberse hundido, pero hizo lo contrario. Se puso de acuerdo con su hermana Bronya, tan brillante como ella, para ayudarse mutuamente. Manya trabajaría como institutriz en Polonia para costear los estudios de Medicina de su hermana en París y, cuando esta terminase, la ayudaría a ella a recorrer el mismo camino.
En 1891, con 24 años, Manya llega finalmente a París, cambia su nombre por Marie y se matricula en la Sorbona para estudiar Física y Matemáticas. Rechaza la invitación de su hermana de vivir con ella y su marido, un médico polaco, para instalarse, mejor, en un pequeño ático frío y lúgubre del Barrio Latino, más cerca de la universidad. Las aulas, los libros, las conferencias... eran toda su vida. «Aquellos años fueron intensos y consagrados al estudio. Apenas tenía dinero, la estufa de carbón era un elemento decorativo; la comida, apenas un recuerdo... pero nunca me importó». En 1893 obtuvo la licenciatura en Físicas, como número uno de su promoción, y al año siguiente la de Matemáticas, como la segunda del curso.
Cuando rememora aquellos tiempos para su hija Eve en el hospital de Passy, aunque la anemia aplásica que sufre le causa una enorme fatiga y le quita el aliento, sonríe. «¿Tu padre? El matrimonio y los hombres nunca fueron un tema que me preocupase. Además, ¿quién iba a fijarse en una mujer pálida, escuálida y todo el día rodeada de libros? Bueno... otro físico, el señor Pierre Curie». Después de algunas fórmulas matemáticas y sin más testigos que la investigación y la ciencia, se casaron. «Unas bicicletas y la campiña francesa fueron nuestra luna de miel. Alquilamos un pequeño apartamento con lo esencial e instalamos nuestro humilde laboratorio en un cobertizo abandonado. En aquel miserable cobertizo fue donde transcurrieron los mejores y más felices años de nuestra vida, enteramente dedicada al trabajo. Y por las noches disfrutábamos de un espectáculo de formas luminosas».
Incluso entonces, postrada en la cama, Marie no sabe que aquellas formas luminosas que tanto le fascinaban es lo que la está matando: la radiactividad. Los Curie fueron durante sus once años de convivencia un matrimonio consagrado a la ciencia. Con el apoyo de Pierre, Marie decidió preparar su tesis doctoral sobre la naturaleza de las emisiones producidas por el uranio recientemente descubiertas por el físico francés Henri Becquerel. Había nacido lo que Marie denominó la `radiactividad´. Además, ella y Pierre consiguieron aislar dos nuevos elementos químicos: el polonio (en honor a su patria) y el radio. Realizaron las investigaciones en un laboratorio casero, sin seguridad alguna.
Su trabajo se vio recompensado con el Nobel de Física en 1903. Marie tenía solo 36 años. «Sabes lo poco que me gusta exhibirme en público, pero debía recoger el premio. Tu padre había luchado mucho por acallar los rumores que decían que yo solo era su ayudante, pero, aun así, el presidente de la Academia Sueca me recordó que solo era una mujer: `No es bueno que el hombre esté solo, harele ayuda idónea para él´, citó del Génesis. Hoy sé que me equivoqué; no debí callar. Solo a tu padre dije qué pensaba: `Las mentiras son muy difíciles de matar, pero una mentira que atribuye a un hombre lo que en realidad era el trabajo de una mujer tiene más vidas que un gato´».
Con el dinero obtenido (15.000 dólares) y la concesión a Pierre de la cátedra de Física de la Sorbona logran vivir más holgadamente -«compramos una bañera», le cuenta a Eve-, pero renuncian a patentar sus hallazgos. Durante estos años tienen, además, dos hijas, Irène y la propia Eve, que pasan, lógicamente, muchas horas al cuidado de su abuelo paterno, viudo.
Y, entonces, la fatalidad. Pierre es atropellado por un pesado carruaje y muere. «Un carro, la lluvia, tu padre que siempre andaba inmerso en nuestras investigaciones... la fatalidad lo quiso. No podía aceptar la pensión que me ofrecieron, pero sí acepté la cátedra de Física vacante tras la muerte de Pierre». Era el 15 de noviembre de 1906, la primera vez que una mujer impartía una clase en una universidad. Otro hito.
Pese al dolor, Marie sigue con sus investigaciones e impartiendo clases. Pero una sociedad misógina criticó que no guardara luto por la muerte de su marido. Se rumorea incluso un supuesto romance con el físico Paul Langevin, casado. «Me acusaron de ladrona de maridos, y Le Journal me regaló una portada, cosa que no hizo con el Nobel, con Una historia de amor: Marie Curie y el profesor Langevin, pero nada es cierto. ¿Sabes lo que me dolió de verdad? Cuando en 1910 solicité el ingreso en la Academia Francesa de Ciencias, a la que perteneció tu padre, y me fue denegado por un voto. Más tarde supe que en las votaciones se dijo: `Las mujeres no pueden entrar en la academia´. Eso sí me dolió».
Pero nada de esto pudo con ella, y en 1911 se le otorga el Nobel de Química por el descubrimiento y aislamiento del radio. Es la primera persona en obtener dos Nobel. Y solo con 44 años. Poco después, Irène pasa a ser su asistente en el laboratorio, estalla la Primera Guerra Mundial y Marie crea 18 unidades móviles de rayos X para los hospitales de campaña en los que diagnosticar a los soldados heridos. Aquellas unidades se llamaron `petites Curie´. «La guerra, hija, es la mayor miseria humana y aquella embargó de locura a todo el mundo. Así que decidí invertir mis años de investigación en aliviar el sufrimiento humano».
Tras la capitulación y pese a lo poco que le gustaba exhibirse en público, Marie viaja con sus hijas a Estados Unidos para recaudar fondos y seguir investigando las aplicaciones médicas del radio. La gira fue un éxito, pero de regreso a Francia su salud comienza a debilitarse. Habían sido muchos años trabajando con materiales radiactivos sin ninguna protección, incluso sus notas, manuscritos y todo el material conservado siguen siendo radiactivos y se conservan en recipientes de plomo. Mientras Eve acompañó a su madre a un sanatorio, Irène, ahora Irène Joliot tras casarse con el físico Frédéric Joliot, continuaba los trabajos de su madre. En 1935, el matrimonio Joliot-Curie es galardonado con el Nobel de Química por el descubrimiento de la radiactividad artificial. Irène murió en 1956, 22 años después de su madre, también de leucemia, por su alta exposición.
Eve fue la única de la familia que no se dedicó a la ciencia. Pianista y escritora, es la autora de la mejor biografía de su madre. Eve falleció en 2007, con 103 años. «Al nacer yo, mi madre tenía 37 años. Cuando estuve en la edad de conocerla bien, era una anciana ilustre, la `ilustre investigadora´. En cambio, me parece haber vivido siempre al lado de la estudiante pobre y soñadora que fue Manya Sklodowska. En el instante mismo de su muerte, seguía pareciéndose a aquella joven. Era aún dulce, obstinada, tímida y curiosa. Marie tuvo en un cementerio silvestre, entre las flores del estío, un entierro silencioso y sencillo, como si la vida que terminaba semejara a tantas otras».
Javier Sanz

domingo, 27 de noviembre de 2011

Ánimo Soraya

Por cortesía de Sonia PT
Voy a meterme en uno de esos jardines tropicales en los que sabes cómo entras pero no cómo sales. Aunque me escupan mis congéneres, que para eso vengo con el neopreno puesto. Defiendo a muerte que Soraya haya decidido currar recién parida exactamente igual que mato por el derecho de todas las madres trabajadoras a agotar las 16 semanas de baja, la lactancia, las vacaciones, los moscosos y todo lo que puedan arañarle al sistema y a su empresa, ya lo he dicho. Pero me temo que estoy minoría.
He dejado caer el tema en la cantina del curro y se ha liado un pollo al chilindrón que ríete tú del del menú del día. Ellos no se han mojado mucho, unos porque ni les va ni les viene y otros para que no les llamen machistas. Pero ellas me han saltado a la yugular hasta el punto de que una intimísima me ha mandado a tomar por donde yo te diga, fina que es ella. Por no hablar de las flores que le ha echado a Soraya. Que se ha cargado décadas de lucha feminista por la conciliación. Que cada una hace lo que quiere, pero ella no debe porque es política y tiene que dar ejemplo. Resumiendo, que es una trepa que antepone su carrera a estar con su hijo. Cuando Sarkozy dejó plantadas a Bruni y a su niña recién nacida para tramar con Merkel el ultimátum a Papandreu no se le calentó tanto la boca.
Parece que para algunas lo de nosotras parimos, nosotras decidimos caduca en cuanto echas el cachorro al mundo. Pues claro que lo de Soraya es ambición pura y dura, y lo de ellos qué es, ¿sentido de Estado? Cuando les oigo a algunos decir que la pobre se sacrifica por el euro y por España me da la risa. Sobre todo porque son los mismos que pusieron a parir a la ministra Chacón cuando pasó revista a las tropas preñada de ocho meses. Me dicen en Génova que Soraya es una adicta al trabajo que lleva 15 años deslomándose 15 horas al día para llegar a La Moncloa. Como para perderse ahora el traspaso de poderes. Si le ha pillado el parto por medio, es su problema, ella sabrá la sangre, los sudores y las lágrimas que le cuesta. Aunque tenga una salus bregando con el nene las 24 horas como buena pija, quien le da teta cada tres horas es ella. Y luego está el papá de la criatura, ¿o es que con él no va la cosa? Que su marido se ha cogido la baja para cuidar del bebé, gracias, le soltó la mamá al mismísimo Jáuregui cuando le preguntó cómo se las apañaba, eso es tapar bocas.
Soraya está como una moto, eso es cierto. Entre la oxitocina del puerperio y la adrenalina de la victoria, debe de estar atacada desde que se levanta, eso si pega ojo entre toma y toma. Tampoco me da pena, cada una elige sus yugos. Una compañera mía estuvo sacándose leche dos veces al día en el aseo del curro con un ordeñador eléctrico hasta que su niña casi se le lleva un pezón de un mordisco: Solete, tú sí que eres una heroína moderna. De acuerdo que no es lo mismo incorporarse a un despacho y a un cochazo con chófer que a una caja del Dia. Ni que todas pueden pagarse una nurse. Pero de lo que se trata es de poder escoger sin presiones, ni siquiera las propias, no de tener que hacer nada por narices. Soraya: yo no lo haría ni loca, pero reconozco que tienes dos ovarios y un útero, aunque todavía no hayan vuelto a su sitio.
PORTERA DE DÍA
Luz Sánchez-Mellado